Aquí
en este
suelo sacro
me presento:
soy las corderas
que quitan
el pecado del mundo
caminando
sobre el cuerpo
de mi madre
adolescente y
libertina,
bajo el falo
pío e inmaculado
del espíritu
santo.
Aquí
me brindo
en autoasesinato
caminando
con mis pies
infantes
sobre mi
madre adolescente
que yace en
la alfombra
que es también
mi abuela
Culpable.
Tiño ante
ustedes
con mis miembros
y mi sangre
el dorado
de su moral
incuestionable.
Aquí me mato
para que no
mueran,
serruchando
mis cortos brazos,
para no tocarme
nunca
ni para convertirme
por mi culpa,
por mi gran culpa,
en la tentación
de su esencial carne.
Aquí me mato
sola
metiéndome mi
cruz
por si,
por no ser
lo que para si seré
cuando de mi vulva
empiece a brotar
el planeta entero que
habitáis vosotros,
los libres de pecado.
Ave María purísima
sin pecado concebida
santísima,
perdóname, oh, María,
por tener vagina y
cuatro años,
como mi madre,
como mi abuela,
como su madre
por los siglos
de los siglos,
amén.